miércoles, 22 de marzo de 2017

EL TAMAÑO SÍ IMPORTA

Trabajar en una misión internacional junto a policías de otros países tiene muchos aspectos positivos pero también tiene alguno que otro negativo, como hacer comparaciones. Y no, no me estoy refiriendo a esa etapa de la adolescencia más irracional en las que comparamos el tamaño de nuestro pene con el de nuestros amigos con el fin de confirmar la teoría de que “el tamaño sí importa” o por el contrario, el de descubrir si tenemos que tomar alguna pastilla milagrosa para alcanzar al más dotado del grupo. De lo que hablo es de comparaciones entre las distintas formas de trabajar en cada país, sobre los medios materiales de que dispone cada cuerpo policial, de las diferentes legislaciones a la hora de realizar nuestra labor, etc. He tenido la fortuna de trabajar y de conocer a policías de muchas nacionalidades, si no recuerdo mal de las siguientes: Francia, Italia, Alemania, Reino Unido, Estados Unidos, Rusia, Ucrania, Canadá, Australia, Nueva Zelanda, Islas Fiji, China, Portugal, Finlandia, Suecia, Noruega, Dinamarca, Croacia, Rumanía, Hungría, Holanda, Bélgica, Lituania, Letonia, Estonia, Turquía, República de Sudáfrica, Swazilandia, India, Bangladesh, Sri Lanka, Nepal, Jordania, Afganistán, Namibia, Nigeria, Ghana, Botsuana, Ecuador, Tanzania, Polonia, Grecia, Bulgaria, Pakistán, Camerún, República Checa, Suiza, Austria.
Por eso mismo cuando leí hace unos días la noticia de que el agresor de un policía había sido condenado al pago de una multa de 60 €, agresión realizada estando de uniforme y en el ejercicio de sus funciones, me llené una vez más, y van unas cuantas, de indignación. Es decir, en este país por conducir sin el cinturón de seguridad te sancionan con 200 € y por agredir a un policía te sancionan con la “descomunal” suma de 60 €. ¿Es esto normal en un Estado de Derecho?
Así que para terminar de indignarme me propuse hacer una estadística entre mis colegas internacionales. Les envié a casi todos ellos un email en el que aparte de contarles lo que acababa de suceder en mi país, les pedía el favor de que me detallaran cual era la sanción mínima que le caería al agresor de un policía en sus países. Se pueden imaginar el resultado, y aunque, muchos de ellos creían que les estaba tomando el pelo al mencionar lo de los 60 €, el resultado fue demoledor; no hay un solo país, repito, NI UNO SOLO, en el que salga tan barato agredir a un policía. Y eso que creo que alguno de ellos no fue excesivamente sincero y manipuló generosamente a la baja la condena para no asustarme. En esto sí que estamos a la vanguardia del mundo, tenemos las condenas más bajas por agresión a policías. Por ello no es de extrañar que cada vez se agredan a más policías, o a más funcionarios públicos, o a más profesores o a más personal sanitario, y es que sale casi regalado. Los que sabemos que, para defender a los servidores de la ley el tamaño sí que importa, nuestro país se empeña en demostrar al mundo que el sistema penal español tiene el pene más pequeño de todos.