En estos tiempos que
corren, en los que si no practicas el noble y perverso arte de la demagogia parece
que estas al margen de la sociedad, me gustaría comentar alguna de mis
vivencias fuera de España. Trabajar fuera de tu país es una experiencia
enriquecedora y que te aporta un sinfín de aspectos positivos y, por fortuna, muy pocos negativos. En mi caso
he tenido la suerte de poder trabajar en varios países repartidos por todo el
planeta y, en alguno de ellos, he visto la auténtica miseria en la puerta de al
lado. Digo autentica porque esa sí que es real e involuntaria, no la que
conocemos en Occidente, y digo miseria en el más amplio sentido de la palabra. He
conocido a gente que no ha abierto un grifo en toda su vida, a gente que no
sabe lo que es un cepillo de dientes y a gente que no sabe lo que es tirar de
la cadena de un retrete.
Pero también he visto a policías,
militares y guardiaciviles españoles dar dinero de su bolsillo a gente que lo
necesita, he visto subastar objetos personales muy sentimentales para entregar lo
recaudado a quienes de verdad lo necesitan, y he visto a lo largo de mi carrera
a muchos de ellos morir por ayudar a otros. Si, morir, dejar este mundo para
que otros permanezcan en él. Y se cuentan por centenas, sino por miles. Sin
embargo, ¿cuántos de los que nos critican por sistema a las FCSE y Ejercito han
dado su vida por otro semejante? Nos sobrarían dedos de una mano. Y con esto no
me refiero al hecho de morir sin más, sino a la decisión critica que uno toma
cuando sabe que si lo hace tiene una alta probabilidad que le puede llevar a
perder su propia vida.
He visto en esos países a
miembros de ONGs, de las que se autoproclaman imprescindibles, comer en los
mejores restaurantes de la ciudad, vivir a cuerpo de rey en los mejores
hoteles, y todo ello a costa del dinero ajeno.
Por eso me encabrono cuando oigo a tanto demagogo y
populista llenársele la boca cuando habla del pobre o del necesitado. Cuando se
erigen en los únicos con el derecho a portar la bandera de la solidaridad. La
verdadera solidaridad se hace renunciando a lo que uno más quiere y en silencio,
sin ruido y con discreción, justo todo lo contrario de lo que practicáis
vosotros. Dijo Lincoln que “se puede engañar a algunos todo el tiempo y a todos
algún tiempo, pero no se puede engañar a todos todo el tiempo”.
Hablar es gratis, ayudar
a los demás no, y eso quienes mejor lo saben es quienes no hacen de la
demagogia su forma de vida.