domingo, 13 de diciembre de 2015

¡ME CAGO EN EL BUENROLLISMO!

Vaya por delante que no pretendo culpabilizar a nadie en concreto de la desgracia ocurrida en la embajada española en Kabul, y a consecuencia de la cual han fallecido dos compañeros míos, dos héroes de España. Pero si culpo y responsabilizo de ello, a una actitud que está matando nuestro país, el buenrollismo. Eran los tiempos en los que gobernaba Zapatero, —el contemplador de nubes—, eran los tiempos del buenrollismo. Afganistán se había convertido en un objetivo prioritario del Gobierno español, porque el malvado de George W. Bush sufría un cabreo de órdago con Zapatero a cuenta de la espantada española de Irak con tan malas maneras. (Así lo reconoció él mismo el 20 de marzo del 2013 en la Cadena Ser, donde decía textualmente: “Cuando el presidente de los Estados Unidos lo primero que te dice, aparte de buenos días, es que se siente profundamente decepcionado, te entra un sentimiento profundo de preocupación…”).

          Lógicamente, en este contexto y sabiendo como sabemos, por mucho que algunos quieran negar la evidencia, que en algunas áreas dependemos total y absolutamente del malvado país de las barras y estrellas —véase que en este ataque fueron las fuerzas especiales americanas y noruegas las que procedieron a evacuar al resto del personal español—, a Zapatero no se le ocurrió otra cosa que multiplicar la presencia española en Afganistán y tratar de contentar a su perverso enemigo ideológico. Pero naturalmente, eso requería varias capas de pintura. Se esforzaron y se esmeraron en hablar de misión de paz continuamente —en un país en el que los muertos eran contados por decenas e incluso centenas todos los días—, el ministro de Defensa Bono hablaba de que prefería que le mataran a matar como convicción moral personal, nuestros helicópteros no eran derribados, simplemente se caían, la ministra de Defensa Chacón tenia siempre en la boca la expresión “ayuda humanitaria”, el control de la información que salía del país era total y la censura estaba muy extendida —tuve ocasión de comprobarlo personalmente en Kabul en el año 2009—.

          También algún diplomático en el país, dentro del buenrollismo instaurado en esa época, hablaba de que tampoco era para tanto el peligro hacia nosotros, que el problema no tenía nada que ver con España y que se exageraba mucho todo. Luego llego el Gobierno de Rajoy, y fue un poco más claro sobre lo que acontecía en el país, la información fluía más fácilmente y los impedimentos para contar lo que pasaba allí no eran tantos. Pero aun con eso, en el año 2012 en el Ministerio del Interior alguien pensó que del salario que cobraban los policías españoles en la embajada española de Kabul —también en las de Bagdad e Islamabad— se podía ahorrar algo, y de estar ganando lo mismo que se ganaba en cualquier embajada en el resto del mundo, se pasó a ganar la mitad. Es decir, un policía que presta servicio en la embajada española de Bruselas, Berlín o Roma, gana más del doble que un policía que está en Kabul. Maldito buenrollismo.


          No voy a meterme con la información que iba llegando y se transmitía, los que hemos estado en Afganistán sabemos el caos que se produce con cada ataque talibán y el descontrol y la desinformación que se origina hasta pasado un buen tiempo. Pero si conviene aclarar ciertos aspectos. Según declaraciones del ministro de Asuntos Exteriores, la seguridad en la embajada de Kabul era suficiente y no requería mas medidas de seguridad. Pues bien, sería suficiente si estuviera situada en un país “normal”, en cualquier país civilizado, perfecta por ejemplo para Tailandia, o para Italia, o para Noruega o Canadá… pero los que la conocemos, y no hace falta ser un analista o un experto en seguridad, sabemos que no es una embajada para una ciudad como Kabul. Cualquiera que sepa como atentan los talibán saben que su modus operandi se basa en la gran mayoría de las ocasiones en un complex attack, es decir, utilizando a varios individuos en un ataque combinado con diferentes tipos de armas, y en muchas de ellas con coches, furgonetas o camiones bomba. Y para eso no estaba preparada. Y mientras el buenrollismo continúe en este país seguiremos sufriendo la lacra de la falta de medios para combatir el terrorismo internacional, y la escasa concienciación de la sociedad del problema que tenemos.

          El Gobierno de Rajoy, que no parece seguir una de las máximas de John F. Kennedy, anunciaba poco después retractándose que era un ataque contra España, pero anda equivocado. No es un ataque contra España, es un ataque contra un modo de vivir, es un ataque contra todos, no importa si las victimas fueran coreanas, australianas, portuguesas… eso les da igual. Somos el objetivo por el mero hecho de pensar de manera diferente. Y esta vez ha sido la embajada española, pero en Kabul también ha sido la alemana, la inglesa, la americana, la india. Y han sido también casas de huéspedes, hoteles, cines, restaurantes, centros oficiales, cuarteles. Los talibán no distinguen entre naciones, para ellos todos somos la misma. Mi recuerdo para los dos compañeros y héroes fallecidos, sus familiares y amigos.


        Y por ultimo no me gustaría olvidar a los compañeros que permanecieron encerrados en el bunker durante tantas horas. Para los que sabemos lo que significa entrar en un bunker mientras se oyen disparos en el exterior, y sin parecerse ni de lejos a la extrema situación que vivieron ellos en nuestra embajada, es una experiencia tan terrorífica que no se la deseo a nadie. Mucho ánimo y orgulloso de todos vosotros.